Los Siete saberes necesarios para la educación del futuro

Reseña del libro de Edgar Morin que podéis visualizar aquí.

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El libro está organizado en un total de siete capítulos coincidentes con los siete saberes necesarios para la educación del futuro.

El primero de ellos es el de las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión. En él se tratan diversos aspectos sobre los problemas del conocimiento, no tanto en la propia concepción de los resultados que da el conocimiento, sino de una serie de limitaciones y vacíos que tenemos a la hora de buscar dicho conocimiento y que en muchos casos ni tan siquiera somos conscientes. El conocimiento siempre estará lleno de ruido (noise) que no permitirá ver el conjunto. A esto debemos añadir que nuestro cerebro es el que gestiona esta información y que gran parte del proceso es interno, con lo que ello puede suponer de cara a la interpretación de los problemas (el racionalismo de Descartes básicamente).

La propia razón tiene sus debilidades, en cuanto a que teorías, ideologías y sobretodo doctrinas cierran nuestra forma de abordar el problema a estudiar. Destacar el papel de los paradigmas, que el autor denomina como “cegueras paradigmáticas” pues cree que el situarse en un determinado paradigma a veces viene dado por nuestra realidad y quizás no es el “enfoque” apropiado, todo lo contrario y ni tan siquiera estamos siendo conscientes de que tenemos este enfoque.

Todo esto se manifiesta de manera clara en el “imprinting cultural” que crea un matiz de inconformismo y sobretodo la Noología, el estudio de la noosfera, que es este mundo “imaginario” que persona y sociedad comparten, donde viven los mitos, dioses, etc.

Por tanto la idea en este primer capítulo pivota en la consideración de que la educación tiene que despejar los grandes interrogantes sobre la capacidad de conocer y por ello hay que situarse en primer lugar en una crítica a la forma con la que accedemos al conocimiento, por si fuera errada o el enfoque inadecuado.

El segundo capítulo trata de los principios de un conocimiento pertinente, que se basa cuatro ideas: el contexto, lo global, lo multidimensional y lo complejo, que se desarrollan en la obra.

Concretamente el capítulo dos comienza  haciendo hincapié en la dicotomía entre curiosidad e instrucción, es decir que se corta la curiosidad por aprender, agente principal del descubrimiento y el conocimiento, con una serie de contenidos faltos de motivación.

Continúa hablando de que la especialización es contraria al conocimiento real, pues en su vertiente de separar y aislar partes del conocimiento en bolsas cerradas, se pierde la percepción general y por tanto se incurre en un error objetivo. A todo esto hay que añadir la falsa racionalidad, que es la creencia de que algo es racional en un contexto concreto, pero si se ve desde una perspectiva más amplia o global, lo que se está haciendo no es racional. El que algo sea racional o no, no es una cuestión objetiva de por sí, sino que está condicionado por la persona y es algo que debemos enseñar a los alumnos.

El tercer capítulo nos habla de enseñar la condición humana. Existen cuatro condiciones principales, la primera es cósmica, orden y caos al mismo tiempo, una condición física, dependiente del sol, otra terrestre, que engloba a la biosfera y por último una humana que es nuestra animalidad y humanidad.

Es importante enseñar esta cuestión ya que el ser humano es unidualidad, por un lado es lo biológico y por otro lado lo cultural. En todo hombre y mujer existen dos realidades contrapuestas entre lo animal y lo humano, entre el instinto y la racionalización. Esta unidualidad es propia de la condición humana y hay que tenerla muy presente en la educación.

El capítulo cuarto se centra en enseñar la identidad terrenal, que está en relación con las necesidades que tenemos como especie. Se señalan dos hitos importantes, la apertura de la era planetaria, con el descubrimiento de América y una mayor globalización y por  otro lado el legado que nos llega del siglo XX, de muerte y destrucción por las guerras.

La idea que quiere expresar el autor pivota entre estas dos relacionadas con la globalización y con el respeto al medio, lo viene a decir que hay que enseñar las mismas.

También en el apartado de identidad, relaciona todo lo anterior, con que hay que enseñar en valores como el de la diversidad, de raza, religión, cultura, etc.

El capítulo cinco se titula el enfrentar las incertidumbres y resulta probablemente el más interesante. Antes se consideraba que el futuro era una repetición del presente, en momentos antiguos o bien algo progresivos hacia delante, como con los ideales ilustrados.

Pero ahora estamos en un período de incertidumbre histórica pues no sabemos ni podemos predecir qué ocurrirá en el futuro, ya no solo por la sociedad de la información y que todo se mueve más deprisa. Sino que además está la cuestión de buscar paralelos históricos con momentos precedentes, que para la actualidad son inexistentes. Es por ello que desde la historia se ve todo como un mundo incierto, que se está deteriorando por la acción humana.

Según el autor, si no puedes contra las incertidumbres, y conocer el futuro, úsalo a tu favor. Esta es una idea a enseñar a los alumnos.

Existen varios tipos de incertidumbre, la de lo real, partiendo de la base de que nuestra realidad no es la realidad plena y por tanto hay que aceptarlo para poder construir el conocimiento.

La incertidumbre del conocimiento, de que no se puede llegar a conocer todo, que no existen los  perfectos y por ello el conocimiento consiste en navegar por un océano a la espera de avistar tierra firme.

Y por último la ecología de la acción, de que no podemos saber a ciencia cierta el resultado de las mismas. Tiene varios principios fundamentados en bucles de riesgo/precaución, fines/medios y acción/contexto.

Se termina argumentando que no se puede predecir a largo plazo y que hay que contestarse con el corto plazo.

El sexto capítulo trata de enseñar la comprensión. Aquí existe una importante dicotomía entre dos tipos de comprensiones que a veces van en la misma mano y a veces van separadas. Son la comprensión en polo planetario y la comprensión en polo individual.

En general existen una serie de obstáculos para la comprensión que se pueden resumir en egocentrismo, etnocentrismo y sociocentrismo (rechazo a lo que no es de tu cultura.) y sobretodo el espíritu reductor, que es el hábito de reducir lo complejo a lo significativo, perdiendo gran parte del sentido del mismo.

Existe una ética de la comprensión que se basa en comprender de manera desinteresada que consistiría en el bien pensar y también de que la conciencia de la complejidad humana, tiene que tenerse en cuenta la apertura subjetiva hacia los demás e interiorizar la tolerancia.

El séptimo y último capítulo titulado la ética del género humano, nos habla de la antropo-ética, como la ética enfocada hacia el ser humano para lograr una humanidad de conciencia y ciudadanía planetaria.

La existencia de un bucle entre el individuo-sociedad-especie hace que la ética que el profesor debe enseñar tiene que estar dirigida a la relación del individuo con la sociedad, la democracia y la sociedad con la especie, esto es ciudadanía terrestre, de respeto al medio.

Palabras Clave:

Cegueras paradigmáticas: Presuponer que el punto de vista que se adopta de cara al conocimiento es así, sin considerar que hay todo un paradigma detrás de tu pensamiento

Unidualidad: El ser humano es a la vez lo natural y lo cultural, estas dos se complementan dando la complejidad humana, algo a tener en cuenta en la educación

Incertidumbres del conocimiento: Diversas cuestiones que o no son conocidas o su conocimiento es limitado. La importancia de estas incertidumbres esta en considerarlas de una manera favorable, como manera de mantener la crítica viva.

Identidad terrenal: Es la consciencia de que somos ciudadanos de la tierra y como tal es necesaria para mantener una paz durable en el planeta, algo que hay que construir y educar.

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